El Padre Crépin Martial Monga, vicario de la parroquia católica de San Juan Bautista en Zémio, en el sureste de la República Centroafricana, fue asesinado el lunes 29 de junio de 2026. Zémio constituye una zona especialmente peligrosa dentro de un territorio ya de por sí inestable, donde diversos grupos armados han permanecido activos durante las últimas tres décadas y donde, en mayo de 2025, comenzó una rebelión a gran escala contra las fuerzas de seguridad estatales. Según el testimonio de varios testigos, hombres armados abatieron al sacerdote durante la noche. Aunque los detalles precisos del crimen siguen siendo escasos, las fuentes sobre el terreno han asegurado a la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada Perú (ACN) que todos los testimonios coinciden en que se trató de un homicidio intencionado y no de un hecho accidental.
El compromiso del Padre Crépin con la reconciliación
En una conversación telefónica con ACN, el obispo de Bangassou, Mons. Aurelio Gazzera, quien lleva 35 años trabajando como misionero en el país, elogió profundamente el compromiso del sacerdote con la paz y la reconciliación en la región:
«Hubo momentos en que el padre Crépin acogió en la misión a más de 3.000 refugiados. Este trabajo fue muy importante. Además, mantenía numerosos contactos con distintos líderes rebeldes y con las autoridades, esmerándose siempre por mediar y encontrar soluciones a los conflictos».
Debido precisamente a esta intensa labor como mediador y promotor de la paz, se teme dentro de la diócesis que el sacerdote haya sido asesinado de forma premeditada.
Peligrosa recuperación del cuerpo y muestras de afecto popular
Mons. Gazzera explicó asimismo la difícil y arriesgada operación que supuso recuperar el cuerpo del sacerdote, dadas las pésimas condiciones del terreno y la constante presencia de combatientes armados en la región:
“Son caminos en muy mal estado y peligrosos. Algo que me conmovió fue que mientras trasladábamos los restos mortales del padre Crépin, numerosas personas se congregaron a lo largo del recorrido para verlo pasar y rendirle homenaje. Fueron escenas profundamente conmovedoras que reflejaron el cariño y la estima que la población sentía por él. También en el funeral había muchísima gente”.
A pesar del dolor y el peligro latente, el obispo y socio de proyectos de ACN instó a la Iglesia local a mantener viva la misión y el legado del vicario:
«Existe el riesgo de desanimarse, de dejar que todo el trabajo realizado se detenga, pero esta mañana dije a la comunidad y a mis sacerdotes que esta semilla que cae en tierra y muere da fruto. No debemos perder el ánimo; no podemos permitir que este sacrificio haya sido en vano. Debemos continuar lo que él comenzó».
