Iglesia en Mauritania

Iglesia en Mauritania: Un espíritu de convivencia en medio del desierto

Iglesia en Mauritania vive una realidad singular: no existen cristianos mauritanos y toda la comunidad católica está formada por extranjeros y expatriados. En este contexto, la presencia eclesial es muy reducida, con apenas dos sacerdotes incardinados y un obispo, pero su misión sigue siendo clara: dar testimonio del amor de Dios a todos, tanto a cristianos como a musulmanes.

Así lo explica durante su visita a la sede internacional de Ayuda a la Iglesia Necesitada Perú (ACN) el sacerdote senegalés Edmond Théodore, uno de los dos únicos sacerdotes incardinados en la única diócesis de Mauritania, quien destaca que el diálogo interreligioso se desarrolla en la vida cotidiana más que en grandes iniciativas formales:

“La Iglesia acoge a los migrantes, acoge también a los mauritanos y, al mismo tiempo, se deja acoger por la población”.

El misionero afirma que los valores cristianos son bien recibidos y que la comunidad no sufre persecución, disfrutando de libertad para vivir su fe. Según indica, los musulmanes muestran respeto hacia los creyentes cuando perciben valores humanos y religiosos sinceros:

“A pesar de nuestras diferencias y de nuestras distintas formas de creer en un solo Dios, logramos convivir”.

Misión pastoral y experiencia en el desierto de la Iglesia en Mauritania

El p. Théodore llegó inicialmente para realizar una etapa de prácticas, pero la experiencia lo marcó profundamente al constatar cómo el Señor realiza obras extraordinarias con pocos medios, decidiendo incorporarse de forma permanente a la misión.

El desierto ocupa un lugar central en su vida espiritual como espacio de despojo, solidaridad y encuentro. El sacerdote menciona la costumbre local de detenerse a ayudar a cualquier vehículo averiado al borde de la carretera, un entorno donde las personas reconocen sus limitaciones y aprenden a confiar en Dios y en los demás:

“El desierto es un lugar de encuentro”.

“No rezamos con los demás; rezamos por los demás”.

Esta dinámica de intercesión interior se complementa con el rasgo cultural del Inshallah («si Dios quiere»), expresión que refleja una constante actitud de confianza y esperanza en medio de las dificultades.

Por ser el islam la religión oficial del Estado, la ley prohíbe a la Iglesia realizar proselitismo o bautizar a ciudadanos mauritanos. No obstante, el clero mantiene la certeza de que Dios actúa en el corazón de cada persona:

“Nuestro trabajo consiste en dar testimonio del amor de Cristo”.

La misión eclesial sirve a todos los habitantes sin distinción de nacionalidad o credo, midiendo sus frutos no por el número de bautismos ni por criterios de eficacia humana, sino por el servicio prestado al Reino de Dios.

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