La construcción de la capilla en Golo Popa es hoy una realidad que transforma la vida de los fieles en la isla de Flores, Indonesia. Tras años de esfuerzos y una espera prolongada, la comunidad finalmente cuenta con un espacio digno para el culto
Hace algún tiempo, recibimos un grito de socorro desde Indonesia. Los fieles de Golo Popa, en la isla de Flores, no tenían una iglesia propia y se veían obligados a reunirse en la escuela del pueblo los domingos para celebrar la Santa Misa. Aunque era una solución provisional, muchos acudían fielmente; sin embargo, durante los días laborables, el espacio era utilizado para clases, dejando a la comunidad sin un lugar para la oración, bautizos, bodas y otras actividades eclesiásticas.
El párroco Ferdinandus Tahul nos relató los grandes esfuerzos de su comunidad, compuesta por personas de escasos recursos, que durante años reunieron dinero y materiales sin lograr alcanzar la meta. Para ellos, contar con un espacio digno era una prioridad espiritual:
“La gente vive su fe católica con gran alegría, y la fe está muy viva”.
El compromiso de una comunidad unida
Gracias a la generosidad de los benefactores, logramos reunir los 28,000 euros necesarios para este proyecto. La respuesta no solo fue económica; la comunidad entera, incluyendo a las mujeres del pueblo, colaboró activamente en las obras de construcción hasta ver terminada su nueva capilla.
Tras la inauguración, el padre Ferdinandus compartió su alegría al ver el impacto inmediato en la vida pastoral:
“La construcción se ha completado gracias al compromiso de los fieles y la generosa ayuda de Ayuda a la Iglesia Necesitada Perú. Ahora la comunidad puede celebrar la misa en la nueva capilla, donde ya hemos celebrado por primera vez la Navidad. Hemos podido comprobar que ahora la gente participa más en la vida de la Iglesia y que acude más gente a misa”.
