Comunidad de migrantes

Mauritania: Los retos de una comunidad marcada por el fenómeno migratorio

La única diócesis de Mauritania acaba de celebrar su 60.º aniversario. Mons. Víctor Ndione, obispo de Nuakchot desde hace dos años, explica a la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada Perú la dificultad de ser pastor en una tierra de tránsito que afronta el drama de la emigración clandestina, sumado a la escasez de recursos.

Particularidades de la Iglesia en Mauritania

La Iglesia mauritana, erigida en 1965, está compuesta por unos 6,000 fieles, todos ellos extranjeros procedentes principalmente de países vecinos como Senegal, Gambia, Malí y Guinea Bissau. La diócesis cuenta con 13 sacerdotes y una treintena de religiosas, todos extranjeros; solo dos sacerdotes están incardinados, mientras que los demás son religiosos o fidei donum.

Aunque la Santa Sede mantiene relaciones diplomáticas con el Estado desde 2016, la Iglesia aún no posee personalidad jurídica como institución, proceso que se espera llegue a buen puerto tras las declaraciones de las autoridades. Respecto a la convivencia religiosa, Mons. Ndione señala:

“En Mauritania no hay persecuciones abiertas por parte del islam, que es tradicionalmente moderado y marcado por el sufismo. Sin embargo, venimos observando un auge de un islam salafista que se está infiltrando en el país y que no ve con buenos ojos ni a la Iglesia católica ni a los musulmanes moderados”.

El drama de la migración y la formación profesional

Mauritania es un país de paso para quienes sueñan con otros destinos. Mons. Ndione describe con tristeza la desesperación de quienes arriesgan sus vidas en el mar:

“En la parroquia de Nuadibú, uno de los jóvenes que se encargaba de enterrar a los ahogados que el mar arroja, se ahogó él mismo al intentar esta aventura imposible (…). Esto nos entristeció profundamente”.

Ante esta realidad, la Iglesia responde con caridad sin distinción de religión o rango social. Al no realizar proselitismo debido a la religión oficial del Estado, la labor se centra en las necesidades básicas y la formación profesional. En Nuakchot y Nuadibú, la Iglesia ofrece capacitación en sectores como pastelería, carpintería, electricidad y alfabetización para dotar de oportunidades a los migrantes y a la población local.

El reto de la movilidad pastoral

El obispo compara su ministerio con el mito de Sísifo debido al continuo movimiento de su comunidad:

“Estamos formando a líderes para la comunidad, a catequistas, a personas que asisten a niños y a maestros a sabiendas de que quizá, dentro de seis meses, ya no estén allí. Este desafío de la movilidad también afecta a los agentes pastorales. Todos los sacerdotes son extranjeros (…) de un día para otro, pueden ser llamados por su congregación”.

El apoyo vital de ACN

Debido a la falta de personalidad jurídica y la pobreza de los fieles, la diócesis depende de la solidaridad universal. Las intenciones de misa y la ayuda de ACN son fundamentales para la subsistencia de las religiosas y el mantenimiento del personal apostólico. Mons. Ndione destaca la reconstrucción de un centro pastoral en Nuakchot:

“La solidaridad de la Iglesia universal y el apoyo de entidades como ACN son para nosotros un bálsamo para el corazón, pero también un soplo de aire fresco (…). ACN nos ha ayudado a reconstruir un centro pastoral en Nuakchot con capacidad para 200 personas, donde los jóvenes y las parejas pueden reunirse, asistir a la catequesis, prepararse para el matrimonio y realizar retiros espirituales”.

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