Los cristianos en Tierra Santa enfrentan una ola de ataques e intimidaciones en Taybeh, el último pueblo totalmente cristiano de Cisjordania. El padre Bashar Fawadleh, párroco de la parroquia latina, advierte sobre una «presión que va a aumentar» tras la resolución israelí del 8 de febrero de 2026, que refuerza el control administrativo y militar sobre las tierras de la región. Esta medida es vista por muchos como el inicio de una anexión oficial, lo que agrava la falta de protección para los 1,400 habitantes del pueblo.
Desafíos diarios para los cristianos en Tierra Santa
La vida cotidiana en Taybeh se ha vuelto extremadamente difícil debido al incremento de los puestos de control militares y las incursiones de colonos. Los actos de hostilidad incluyen incendios de campos agrícolas, pintadas de odio en iglesias antiguas y el robo de ganado, como el ocurrido el 28 de febrero cuando colonos sustrajeron un caballo y su potro.
Estas presiones afectan directamente la economía local, impidiendo que los agricultores accedan a sus plantaciones de olivos, su principal fuente de ingresos. Ante la inseguridad y la falta de perspectivas, la idea de emigrar cobra fuerza; entre 2023 y 2025, 16 familias ya han abandonado el pueblo.
“Abandonar la tierra es a veces una necesidad humana, pero quedarse es a menudo un acto de fe y de esperanza. La esperanza no niega las dificultades, pero nos recuerda que la dignidad humana, la justicia y la paz siguen siendo posibles”.
Un llamado a la solidaridad universal
El padre Fawadleh enfatiza que la presencia de los cristianos en Tierra Santa es un testimonio vivo en la cuna del cristianismo. Para evitar que la comunidad se convierta en un simple recuerdo, solicita el apoyo de la Iglesia universal y de organizaciones como Ayuda a la Iglesia Necesitada Perú (ACN) a través de proyectos concretos en educación, vivienda y empleo.
“Taybeh es más que un pueblo, es un signo vivo de la presencia cristiana en Tierra Santa. Ayúdennos a hacer posible que los cristianos de esta tierra sigan siendo una comunidad viva, arraigada en la fe, y no un simple recuerdo del pasado”.
