La misión de Ankililoaka, situada en una zona rural subdesarrollada al suroeste de Madagascar, está a cargo de los padres salesianos. En esta región, los habitantes han tenido su primer contacto con el Evangelio hace relativamente poco tiempo; sin embargo, el número de fieles crece de manera constante.
“Los esfuerzos de muchos años están empezando a dar sus frutos”, comenta con alegría el párroco Charles Armand Randimbisoa. El sacerdote recibe con mayor frecuencia peticiones de aldeas convertidas al cristianismo que desean construir una capilla en sus localidades.
Educación y fe: Pilares de cambio en la región
Pese al crecimiento de la comunidad, actualmente solo el siete por ciento de la población es cristiana, mientras que el culto a los antepasados y la creencia en la brujería permanecen profundamente arraigados. Ante este panorama, los padres salesianos han construido escuelas y fundado una emisora de radio con el objetivo de elevar el nivel educativo. Un enfoque prioritario es garantizar que las niñas asistan a la escuela, ya que las mujeres y las niñas enfrentan graves desventajas en la zona.
La Buena Nueva de Cristo, fundamentada en que todas las personas poseen el mismo valor, continúa tocando corazones. Al respecto, el padre Randimbisoa asegura:
“En medio de una población carente de educación y atrapada en tradiciones ancestrales, la Iglesia aporta una gran esperanza, pues no solo desempeña un papel importante en la evangelización, sino también en la educación. Ahora, la sociedad puede beneficiarse de la educación moral de sus niños y jóvenes. Lo cierto es que la Iglesia ocupa un lugar insustituible en esta población”.
El renacer de la comunidad en Morafeno
La aldea de Morafeno, una de las 18 filiales de la misión, es testigo de este crecimiento. Los habitantes habían construido inicialmente una pequeña capilla con materiales tradicionales que, lamentablemente, sufrió daños severos tras el paso de un ciclón en 2022.
A pesar del mal estado de la estructura y el temor constante a un derrumbe, los fieles continuaron reuniéndose para orar. No obstante, la edificación ya resultaba insuficiente para albergar al creciente número de creyentes. Reconstruir y ampliar la capilla era el mayor anhelo de la comunidad, aunque parecía un sueño inalcanzable debido a la extrema pobreza de la zona.
Un esfuerzo compartido: De la esperanza a la realidad
El párroco solicitó ayuda a nuestra fundación y, gracias a la generosidad de los benefactores, se logró recaudar un total de 14,000 euros. La nueva capilla es hoy una realidad. El padre Randimbisoa destaca el compromiso de la comunidad en este proceso:
“Los fieles están muy agradecidos por la ayuda recibida. Para reducir los costos, se movilizaron y contribuyeron con su mano de obra, turnándose para ayudar en tareas como el transporte y el aprovisionamiento de materiales como arena y grava. Con incansable dedicación transportaron cemento y hierros a pie y con carretillas a lo largo de trece kilómetros, desde la carretera nacional hasta el lugar de la obra”.
Hoy, la satisfacción por la obra terminada es inmensa. El sacerdote concluye:
“Con el corazón henchido de alegría contemplan los fieles esta hermosa iglesia, más espaciosa que la anterior. Pero la nueva capilla también ha tenido un gran impacto en el resto de la población, y muchas personas se han acercado para verla. Sin duda, pronto estará llena de gente. Por ello queremos manifestar nuestro más cordial agradecimiento a los benefactores que nos han apoyado y que siguen ayudándonos”.
