Según importantes figuras de la Iglesia, más de 100 personas han sido asesinadas y 90,000 han sido desplazadas en la región del estado de Taraba desde septiembre de 2025. Tras una reciente masacre, la Iglesia en el Cinturón Medio de Nigeria ha vuelto a pedir medidas urgentes para frenar la violencia extremista.
Diez aldeanos murieron el pasado martes 10 de febrero en un ataque contra Mchia, en el estado de Taraba, al noreste de Nigeria, aparentemente perpetrado por miembros militantes de la comunidad de pastores Fulani. El 12 de febrero, altos clérigos de la diócesis de Wukari emitieron un comunicado advirtiendo que esta es solo la última de una larga lista de atrocidades.
“Más de 100 personas han sido asesinadas hasta ahora, varias otras han resultado heridas con diversos grados de lesiones, mientras que más de 200 comunidades e iglesias han sido destruidas y los residentes, que suman más de 90,000 católicos, han sido desplazados”.
Una crisis humanitaria en aumento
En el comunicado, enviado a la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada Perú (ACN), los sacerdotes Anthony Bature, James Yaro, Moses Angyian y Augustine Chifu subrayaron que la violencia en el sur de Taraba ha escalado desde septiembre de 2025, convirtiéndose en una «situación de crisis».
Los clérigos describieron un patrón de ataque sistemático: los asaltantes suelen entrar en las aldeas a primera hora de la mañana, mientras la mayoría duerme, asesinando a quienes encuentran a su paso y destruyendo propiedades. Destacaron, además, que las residencias de los sacerdotes y los edificios eclesiásticos son objetivos específicos de estos ataques.
Peticiones urgentes al Gobierno
A pesar de agradecer el trabajo de las agencias de seguridad, los sacerdotes hicieron un llamado a la acción inmediata para poner fin a la carnicería en el distrito de Chanchanji y otras partes de Takum, Ussa y Donga. Sus peticiones incluyen:
Movilización de seguridad: Despliegue urgente de personal en las zonas periféricas donde ocurren los ataques.
Justicia sin distinciones: Garantizar el arresto y procesamiento de los responsables, independientemente de su afiliación étnica, política o religiosa.
Ayuda de emergencia: Provisión inmediata de alimentos, medicinas y refugio para los desplazados internos para evitar un desastre humanitario mayor.
Diálogo constructivo: Fomentar un encuentro entre líderes tradicionales, religiosos y agencias de seguridad para lograr una estabilidad a largo plazo.
“El obispo, los sacerdotes, los religiosos y los laicos de la diócesis católica de Wukari no están desanimados, sino convencidos de que con Dios de su lado, la oración sostenida y los esfuerzos de colaboración entre la Iglesia y el Estado, se puede lograr una paz duradera”.
