La crisis en el Líbano se ha intensificado tras el colapso del alto el fuego el pasado 28 de febrero de 2026. Mariella Boutros, coordinadora de proyectos de la fundación pontificia ACN, describe la situación como «abrumadoramente mala» en un contexto donde los bombardeos han dejado cientos de fallecidos y cerca de un millón de desplazados internos. A pesar del agotamiento tras años de dificultades económicas, la Iglesia permanece como el principal refugio para la población.
Una paz frágil que se derrumbó en un instante
El alto el fuego entre Hezbolá e Israel se vino abajo tras un ataque contra Irán que acabó con la vida del ayatolá Alí Jamenei. Desde entonces, la violencia ha escalado rápidamente; solo el 13 de marzo, los ataques en Beirut dejaron 25 víctimas mortales adicionales. Según el Ministerio de Salud Pública, el conflicto ya suma 678 fallecidos y 1,774 heridos, afectando trágicamente a la comunidad cristiana con la muerte del padre Pierre El-Raï y del laico Sami Ghafari.
Boutros relata el impacto emocional en la oficina de ACN y en la sociedad:
“Nuestros socios y nosotros también estamos cansados; esta guerra nos ha sobrepasado por completo. (…) Cada vez que recuperamos un poco de esperanza, sucede algo nuevo que nos devuelve al punto de partida; con esta guerra, incluso a la casilla de inicio. La sensación es realmente de desolación”.
La Iglesia como roca en la crisis en el Líbano
Ante el desplazamiento masivo, se han habilitado 550 refugios, incluyendo 300 escuelas públicas. Las iglesias han abierto sus puertas para acoger a personas de todas las confesiones, a pesar de que sus recursos ya estaban al límite por el sostenimiento de hospitales y orfanatos. La permanencia de las instituciones eclesiales es vista como la única garantía para evitar un éxodo masivo de cristianos en la región.
“La Iglesia es realmente una roca en el Líbano. Si la Iglesia y sus instituciones se derrumban, se producirá un éxodo masivo de cristianos. La caída de la Iglesia supondría la caída de todos los cristianos de Oriente Próximo”.
ACN continúa proporcionando ayuda de emergencia, pero Boutros enfatiza que el apoyo espiritual y la presencia física de la Iglesia son los que permiten que los fieles permanezcan arraigados en su tierra.
