La Iglesia en Cuba

La Iglesia en Cuba: Un testimonio de fe en medio de la supervivencia

La Iglesia en Cuba continúa acompañando a una población marcada por el miedo, las necesidades en todos los sectores de la vida y la incertidumbre. Mons. Arturo González Amador, obispo de Santa Clara y presidente de la Conferencia Episcopal Cubana, describió la dramática situación de la isla en una conversación con la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada Perú (ACN). “Cuba duele”, afirmó el prelado, subrayando que este es el momento más triste e inseguro del que tiene conciencia en la historia de su pueblo.

Una crisis que afecta la vida cotidiana y la salud

La crisis golpea con especial dureza a los sectores más vulnerables, como los pobres, los jubilados, las madres solteras y los ancianos que viven solos. En las parroquias, los colaboradores presencian diariamente la desesperación de personas que llevan días sin comer, registrándose desmayos frecuentes durante las celebraciones religiosas debido a la falta de alimento. A esto se suma el colapso del sistema eléctrico, que impide la conservación de los pocos insumos disponibles.

La situación sanitaria ha alcanzado niveles alarmantes en todo el país:

  • Parálisis hospitalaria: En centros médicos de gran importancia se han suspendido las intervenciones quirúrgicas debido a la falta de agua y de materiales quirúrgicos básicos.

  • Autogestión de insumos: Las familias se ven obligadas a recurrir a parientes o amigos en el exterior para conseguir todo lo necesario antes de una operación, incluyendo el hilo para sutura.

  • Impacto psicológico: Existe un clima de profunda tristeza y adicciones, agravado por el miedo constante a un posible conflicto bélico con los Estados Unidos, lo que genera una fuerte angustia en niños y ancianos.

Asimismo, la emigración masiva está transformando la demografía de la isla, dejando un país envejecido y con pensiones mínimas. La inseguridad también ha aumentado debido a los robos en viviendas, incrementando la sensación de vulnerabilidad. Esta falta de seguridad, junto con los apagones que dejan a muchas regiones con solo tres horas de electricidad al día, ha obligado a cancelar la adoración nocturna y a celebrar la Vigilia Pascual en horario diurno para evitar la violencia callejera.

Desafíos pastorales y la labor de la Iglesia en Cuba

Frente a la adversidad, las religiosas, los sacerdotes y los laicos colaboran continuamente para mantener vivo el espíritu y ofrecer comedores comunitarios. Mons. González relató el ejemplo de un comedor que atiende a más de 300 personas y que, ante la escasez, tuvo que mezclar latas de frijoles negros y blancos para poder completar los platos. Para el obispo, esta caridad silenciosa representa el verdadero valor de la evangelización.

“El día que una monja o un cura muera de hambre o por falta de un medicamento es que ya no queda nadie vivo, porque todos comparten lo poco que tienen”.

Sin embargo, la propia institución opera en una «pastoral de mantenimiento». Los precios se han quintuplicado y la severa escasez de combustible impide a los sacerdotes desplazarse a las zonas rurales para celebrar la Eucaristía. Un reflejo de este aislamiento ocurrió durante el entierro del obispo emérito Enrique Serpa Pérez, al cual solo pudieron asistir cuatro obispos debido a las restricciones de transporte.

A pesar de la fragilidad de las congregaciones, Mons. Arturo González destacó la fidelidad de quienes eligen quedarse y pidió a los benefactores de ACN apoyo financiero para sostener el transporte, los materiales pastorales y la vida espiritual en la isla. “No se puede solucionar todo, pero cualquier ayuda cuenta”, concluyó.

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