Religiosas en Venezuela de la congregación de las Pías Discípulas del Divino Maestro han decidido permanecer en el país para acompañar de cerca tanto a sus comunidades como al pueblo venezolano afectado por los desastres naturales. El doble terremoto del 24 de junio, que sacudió el territorio y dejó más de 3.000 fallecidos junto a miles de familias damnificadas, ha movilizado profundamente a la Iglesia en toda la nación. Las sedes de Cáritas y múltiples parroquias se han convertido en centros activos de ayuda humanitaria, contando con el respaldo de numerosos voluntarios. La superiora general y una consejera de la congregación acababan de concluir una visita a su comunidad local cuando se produjo el sismo. Aunque tenían previsto regresar a Roma el 25 de junio, optaron por suspender su viaje ante la emergencia. La superiora general, la hermana Bernardita Meraz, detalló a la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada Perú (ACN) el espíritu de oración que sostiene a la comunidad:
“Estamos rezando aquí como familia paulina, como Iglesia”.
La misión de las Religiosas en Venezuela en las calles afectadas
La hermana Bernardita relató cómo, en medio de la desolación provocada por la catástrofe, los sacerdotes se expresan con una profunda entrega desde el corazón para suplicar por el bienestar del pueblo venezolano, mientras las familias se congregan a rezar en las vías públicas junto a los edificios que se han derrumbado. La superiora general aseguró que las personas afectadas muestran una entereza espiritual admirable y no expresan reclamos contra la divinidad:
“No se quejan contra Dios, sino que dicen: ‘Con Dios seguiremos adelante. Dios nos ayuda, la Virgen nos ayuda, la solidaridad de la Iglesia nos ayuda’”.
En el momento en que se registró el terremoto, las religiosas se encontraban en la ciudad de Barquisimeto, a una distancia aproximada de 95 kilómetros del epicentro, donde se vivieron momentos de intensa tensión tanto en el interior de las viviendas como en las calles. Poco después, se desplazaron hacia las zonas donde las consecuencias del sismo han sido más trágicas, como el sector de San Bernardino, ubicado al oeste de Caracas. Las religiosas consideraron que su misión prioritaria en ese entorno consistía en mantenerse enteramente disponibles para escuchar a la gente, orar con los damnificados, abrazarlos y transmitirles un mensaje de esperanza.
Junto a la consejera general, sor Lucía Filosa, y a la religiosa venezolana Soraya Herrera, las hermanas distribuyeron alimentos y ropa a los equipos de rescatistas y a los ciudadanos afectados, repartiendo asimismo medallas de la Divina Pastora, una devoción mariana de gran arraigo cuyo santuario principal se localiza en Barquisimeto. Las religiosas expresaron su conmoción y profunda admiración ante las manifestaciones de fe de los pobladores:
“Les preguntábamos: ‘¿Quieres la medallita de la Divina Pastora?’ y la gente decía: ‘¡Oh, la Divina Pastora ha venido a mí!’. Entonces la tomaban en las manos y la besaban. Querían que se la pusiéramos ya en el cuello o en la mano”.
Acompañamiento en San Bernardino y testimonios de esperanza
Durante su recorrido por San Bernardino, las hermanas acompañaron de cerca a los rescatistas destacados en el edificio Rita, una estructura de ocho pisos donde ya se habían recuperado los cuerpos de varios fallecidos. En esos momentos, los equipos de emergencia continuaban buscando activamente a unos niños que se encontraban duchándose cuando ocurrió el sismo, manteniendo la esperanza de hallarlos con vida. La hermana Bernardita describió el desprendimiento de los colaboradores en el terreno:
“Algunos rescatistas son personas que se han quedado sin nada y que se solidarizan con quienes aún se encuentran bajo los escombros. Me encontré con un joven al que le pregunté: ‘¿Tienes aquí a tu familia?’. Y me respondió: ‘Todos son mi familia, Venezuela es mi familia’».
Las religiosas visitaron también a los núcleos familiares que permanecen alojados de forma provisional en carpas instaladas entre filas de colchones sobre las aceras, debido a que debieron desalojar sus edificios residenciales y no cuentan con las garantías de seguridad necesarias para regresar.
“Nos hemos detenido a hablar con la gente, a dar una caricia, a dar una bendición. Los venezolanos tienen esa belleza. Te piden, ‘¿Me bendices?’ ‘Bendición, bendición’. En el caso de rescatistas, les tomaba la mano y la bendecía, ‘tu mano es la mano de Dios, Dios está ayudando a través de ti’. Algunos lloraban, otros se inclinaban en un silencio que se convierte en oración, en escucha, en presencia amorosa de Dios”.
La superiora general añadió conmovida que la población les agradece continuamente en las calles el hecho de permanecer físicamente a su lado y les solicita oraciones constantes por el futuro de la nación, concluyendo que el pueblo venezolano es una comunidad que ha sufrido mucho, pero que se mantiene como un pueblo de esperanza y de fe.
Apoyo de ACN a sacerdotes y Religiosas en Venezuela
El testimonio de las Pías Discípulas del Divino Maestro refleja de manera nítida el papel histórico que la Iglesia católica desempeña en esta crisis mediante la asistencia material, la acogida humanitaria, la oración y el acompañamiento pastoral continuo. Para respaldar de manera concreta esta respuesta institucional, la fundación pontificia ACN aprobó un paquete de ayuda de emergencia de 100.000 euros destinado a atender las necesidades más apremiantes de las diócesis de La Guaira y Caracas.
El objetivo central de estos fondos consiste en sostener económicamente a los sacerdotes y a las comunidades de religiosas de las diócesis afectadas, quienes, a pesar de haber sufrido graves pérdidas materiales en sus propias instalaciones, continúan acompañando a los damnificados, acogiendo a las familias desplazadas y ofreciendo consuelo espiritual. Adicionalmente, una delegación oficial de ACN visitará en los próximos días las zonas golpeadas por el sismo como una muestra directa de comunión eclesial y con el propósito de evaluar sobre el terreno nuevas formas de apoyo técnico y financiero.
